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Juegos finitos VS. Juegos infinitos

Cuando los niños juegan, o mejor dicho cuando las personas juegan, existen dos posibilidades: los juegos finitos y los infinitos.

Los juegos finitos son juegos que tienen reglas y posibilidades preestablecidas y tienen un final. Son jugados con el propósito de ganar, de obtener un objetivo, y cuando este es logrado el juego termina.

Juegos finitos:

  • Las reglas no pueden ser cambiadas.

  • Validación proviene de los demás (árbitro, entrenador, padres, oficial de admisiones, jefes, etc.)

  • Crea competencia, competidores, oponentes.

  • Una meta nueva es necesaria cada vez que un juego termina. (Ya obtuve un grado/diploma/certificado…  ¿Ahora qué?)

  • Obtener el grado para obtener un trabajo para obtener dinero para obtener prestigio para obtener…

  • La meta del juego es obtener los puntos/trofeos/niveles/símbolo de estatus, etc.

Por otro lado los juegos infinitos se juegan por jugar, no para obtener o lograr nada. En un juego infinito hay cambio, opción y elección, hay ligereza, dinamismo y colaboración. Al juego infinito se le da comienzo y la duración y el resultado del juego permanece indeterminado y abierto. Este tipo de juego, ya sea en el recreo o en la vida, le da bienvenida a la espontaneidad, lo cual se presta para relaciones y experiencias genuinas.

Juegos infinitos:

  • Se permite el cambio, la opción, la elección.

  • La duración, la dirección y el resultado permanecen inciertos.

  • Validación/satisfacción proviene de adentro del jugador (intrínseca).

  • La meta ES el juego mismo y el acto de jugar.

  • Crea jugadores infinitos, colaboradores, compañeros de juego.

  • Permite espacio para la improvisación, la flexibilidad, y la creatividad espontánea.

  • Fomenta relaciones y experiencias genuinas y relevantes.

  • Los niños, las personas, juegan juegos infinitos naturalmente (si se les permite).

  • Siempre es evidente el elemento de la elección

El juego infinito se juega con el propósito de continuar jugando. Un ejemplo de esto son los juegos de pretender como “jugar a la casita”. No hay objetivo final; el propósito es el juego mismo. Mientras el juego continúa, las reglas van cambiando, condiciones son inventadas, nuevos jugadores o “juguetes” son añadidos para ayudar a que el juego mejore y continúe. Mientras que los juegos finitos pueden ser divertidos y recompensantes, el juego infinito permite que pongamos en práctica la creatividad y que los jugadores se involucren y se relacionen profunda y personalmente entre sí. El poder de este tipo de juego está en permitir la participación activa y genuina sin que nadie se sienta limitado por la necesidad de llegar a ninguna meta o resultado en particular.

Este concepto, por supuesto, puede ser extendido a contextos más amplios. En la vida hay muchas experiencias en las cuales participamos con un objetivo o meta en mente. Vamos al supermercado con la meta de comprar alimentos. Luego de que se logra este objetivo este “juego finito” termina.

Ejemplo de un juego infinito en la vida sería el ser un amigo para alguien. Mientras vamos teniendo la experiencia de una amistad hacemos planes el uno con el otro, tenemos desacuerdos, los resolvemos juntos, y ajustamos nuestras interacciones en el camino para ayudar que la amistad continúe. En este “juego” no hay un fin determinado; la amistad en sí y el mantenerla es el objetivo.

Sin embargo, en la vida no siempre hay distinciones claras entre juegos finitos y juegos infinitos. De hecho la diferencia está en nuestra percepción. Posiblemente conocemos a alguien que ha visto una relación como un juego finito el cual debe ser ganado en vez de como una experiencia flexible y siempre cambiante. En este contexto se está constantemente buscando quien está ganando y la pareja se vuelve tu oponente.  La habilidad de involucrarnos y entendernos completamente uno al otro se pierde en una perspectiva como esta y la relación probablemente resulte poco duradera.

Cuando conscientemente escogemos percibir nuestras experiencias como parte de un juego infinito obtenemos la libertad de responder flexiblemente ante cualquier situación que emerja. Nos volvemos flexibles y resilientes cuando las cosas no salen como planificadas. Nos volvemos dinámicos y creativos al llegar a un punto inesperado. También desarrollamos relaciones más fuertes con las personas que nos rodean, con quienes jugamos y buscamos ayuda para continuar jugando. Mientras que alguien con una mentalidad finita se estanca en los obstáculos y se agobia por situaciones difíciles. Aquellos con mentalidades infinitas están motivados a encontrar soluciones a problemas para poder moverse hacia adelante (y seguir jugando).

En el contexto de un Centro de Aprendizaje Ágil (ALC, por sus siglas en inglés) el facilitador necesita tener una mentalidad infinita. No hay un “ganar” o “perder” en el aprendizaje.  La educación tradicional ve el aprendizaje de manera finita: memoriza este hecho, devuélvelo en un papel y ya terminaste. Pero el punto de la educación está en el proceso, no en la meta. Cuando se trata de facilitar aprendizaje no hay tal cosa como “ganar”.  En vez de ocuparnos de buscar la forma “correcta” de hacer las cosas, debemos pensar en qué es lo que mejor nos sirve para que el juego continúe – o – en qué es lo que mejor protege y nutre la relación con un estudiante y que asisten a la perpetuación de su aprendizaje.

También debemos ayudar a los niños a ver de manera infinita. Ellos pueden cambiar los juegos de finitos a infinitos cambiando las reglas, y pueden jugar juegos infinitos con resiliencia y gracia porque ven mas allá del juego. Podrán jugar cualquier juego finito, como ir a la universidad, o lograr un trabajo con una actitud infinita. Cuando cultivamos esta perspectiva en los niños, estos son capaces de ver el poder que tienen para cambiar cosas del mundo, ajustar condiciones, trabajar con otros y cambiar cómo interactúan para poder continuar aprendiendo, cultivando sus amistades y jugando el juego. Cuando cultivamos esta perspectiva en los niños, los empoderamos a crear su propia realidad y diseñar sus propias vidas.

Para más información sobre este tema pueden leer Finite and Infinite Games, por James Carse.